jueves, 27 de marzo de 2008

Un Viaje

Cualquier momento es bueno para empezar un diario virtual. Ya ha pasado bastante tiempo desde que lo creé sin que me decidiera a escribir. No sabía si era una buena idea hablar de mis ideas, y aún creo que es mejor no hacerlo; y momentos en mi vida que mereciera la pena contar, que los ha habido, nunca me decidí a escribir sobre ellos. Sin embargo, creo que estoy preparado para comenzar aunque no sé si tendrá mucha continuidad. Vamos a ello.

Hace ya unos meses que decidí que en la pasada Semana Santa me iría de vacaciones, que por fin, después de casi trece años, disfrutaría de algo mas que el jueves y el viernes santos. Así, que después de decidir en familia si nos íbamos a Eurodisney o a ver piedras por ahí -ganó la segunda opción- me dispuse a preparar el viaje buscando por Internet qué lugares visitar, donde alojarnos y lo más importante de todo, cuánto iba a durar nuestro viaje.

La primera premisa, como concesión a Carlos jr., era que nos alojaríamos en Castillos por lo que no fue muy difícil comenzar a buscar donde serían los alojamientos. Tenía las ideas bastante claras en ese sentido, serían Paradores, así que comencé a buscar en su página web. Una vez elegidos varias posibles opciones solo restó la elección de lugares más o menos próximos y en sitios más o menos interesantes con más o menos cosas que ver que se pudieran combinar fácilmente, y así salió este viaje.

La segunda premisa eran las fechas del viaje. Puesto que una semana entera nos dejaría los bolsillos tiritando, decidimos que solamente serían 5 noches de hotel -lo que hacen unos 6 días de turismo si aprovechamos la ida y la vuelta para visitar algún que otro lugar interesante-, y en alojamiento a media pensión para no malgastar tiempo buscando donde alimentarnos de manera decente sin que nos atracasen en sitios turísticos -cosa que también ocurrió-, y por último, decidimos que solamente aprovecharíamos el principio de la semana para evitar aglomeraciones, es decir que saldríamos el sábado y volveríamos el jueves.

Una tercera premisa era ir en coche para poder movernos con algo de libertad, pero que las excursiones no fueran muy agotadoras pudiendo volver al hotel a unas horas decentes para reposar un poco antes de la cena.

Con todo esto, después de mucho investigar y preguntar, salió lo que sigue.

1ª Jornada: Salimos de Oviedo no muy tarde. Buen tiempo. La intención era visitar Ávila, sus murallas y calles, y aprovechar para reponer fuerzas -comer-Subimos y bajamos muchas escaleras pero las murallas lo merecían. Luego nos perdimos un poco por la ciudad hasta encontrar un lugar donde saciar el hambre.

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Para ir a nuestro destino había dos posibles caminos y creo que no me equivoqué al elegirlo, dirección Arenas de San Pedro, atravesando las estribaciones de la Sierra de Gredos. Parada al llegar a la cima del Puerto del Pico -a 1391m- desde la que se vislumbra una muy bien conservada calzada romana que ascendía, desde Cuevas del Valle, por dicho puerto, para comunicar Extremadura con la meseta castellana.

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Una vez bajado el puerto continuamos bordeando la sierra de Gredos por el sur, dejando al Pico Almanzor a nuestra derecha. Pasamos Arenas de San Pedro, donde se puede visitar un castillo, y casi al salir del pueblo, en dirección al valle de la Vera (Cáceres) encontramos el río Pelayo, donde hicimos otra pequeña parada rodeados de pinos.

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Continuamos hasta la siguiente visita turística, el pueblo de Valverde de la Vera, donde hay un Castillo en ruinas, una ermita y un museo que hay que ver, además del resto del pueblo.

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El museo nos enseña como eran y como vivían en una "casa verata" (de la Vera), pero realmente está dedicado a la tradición mas conocida de éste lugar, "Los Empalaos"... no voy a describir lo que es un empalao, mejor que os toméis la molestia de desplazaros hasta allí, que hagáis algo de turismo por España, y visitéis Valverde de la Vera.

Ya anocheciendo volvimos a coger el coche para llegar a nuestro destino , el Parador de Jarandilla de la Vera, antiguo castillo-palacio de los Condes de Oropesa, donde se alojó Carlos V durante tres meses hasta que terminaron su residencia en el monasterio de Yuste. Cenamos y a dormir.

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2ª Jornada: Tras el merecido descanso y después de reponer fuerzas para la nueva jornada salimos en dirección a Cuacos de Yuste, donde visitamos, otra vez muy bien guiados, la casa donde se retiró el emperador Carlos V después de abdicar en su hijo Felipe II.

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Esta casa está situada al lado del Monasterio de Yuste; es como un pequeño chalet adosado ya que está separada del monasterio por la iglesia del mismo. Se ve que Carlos V no quería molestar a los monjes con su presencia pero si disfrutar de la paz y tranquilidad del lugar. Me sorprendió lo que amaba a su difunta esposa Isabel II de Portugal. La visita terminó porque comenzaba la misa de Ramos, aunque de todas formas nosotros teníamos que continuar la excursión.

Así que tras una breve duda por el camino a tomar seguimos dirección a Plasencia donde cogimos la carretera que nos conducía directamente hasta Trujillo pasando previamente por el Parque Nacional de Monfragüe, nuestras próximas paradas.

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En el Parque nacional de Monfragüe visitamos primero el pequeño pueblo, que sirve de centro de acogida de visitantes, llamado Villareal de San Carlos. En el centro de visitantes vimos varias maquetas del parque y también un pequeño vídeo de la flora y fauna del mismo y como lograron sobrevivir en el tiempo a pesar de los hombres. Desde allí nos fuimos a un mirador llamado el "salto del gitano" desde donde se pueden observar una gran colonia de Buitres que habita en las escarpadas rocas. Por supuesto que también hay otras aves en la zona, pero nosotros solamente pudimos ver un pequeño pájaro azul -el macho de la especie- llamado Roquero Solitario y una pequeña golondrina que no era la golondrina común que conocemos. Después de ver los pájaros nos dirigimos al Castillo de Monfragüe, como estábamos un poco cansados subimos el coche lo más arriba que pudimos, pero a pesar de eso aún hubo que ascender casi un centenar de altos y empinados escalones. Estaba lleno de turistas comiéndose sus bocadillos pero, como nosotros íbamos de vacío, nos dedicamos a contemplar el paisaje y sacar algunas fotografías. Tras descansar de la dura ascensión y después de visitar todo lo visitable emprendimos el viaje en dirección a Trujillo.

Llegamos justo para que aún nos dieran de comer en una terraza de la coqueta plaza mayor de Trujillo. Y así, tras reponer fuerzas comenzamos la visita de la ciudad. Un paseo siempre hacia arriba hasta llegar al castillo de origen árabe y conquistado gracias a la acción de la Virgen de la Victoria, cuya capilla se encuentra en el propio castillo. Es curiosa la forma que tiene la iglesia de obtener dinero pero esta es digna de contar, la Virgen está mirando hacia Trujillo, pero los visitantes acceden desde atrás, así que para ver a la virgen de cara han de introducir una moneda, creo que era un euro, y un mecanismo hará que la virgen se dé la vuelta y quede mirando a los fieles durante unos cinco minutos tras los cuales girará de nuevo y volverá a dar la espalda a quien suba a la capilla.

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También dimos una vuelta por el aljibe del castillo y por sus murallas que, por cierto, a mi me provocan cierto vértigo. Después bajamos a Trujillo, visitamos la casa de Pizarro y, por culpa del cansancio y la hora, decidimos volver al hotel.

Llegamos a Jarandilla de la Vera con tiempo para darnos una vuelta por el pueblo y ver por fuera su iglesia-fortaleza de los templarios. Después dimos un pequeño paseo por el pueblo en dirección al Parador y así se terminó este bonito día.

3ª Jornada: Fue la etapa más dura de todas, tanto por el tiempo pasado en el coche como por lo que caminamos, pero también fue una de las visitas que más nos gustó.

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La Emerita Augusta de los Romanos y que actualmente conocemos como Mérida es como una pequeña Roma en plena Península Ibérica. Desgraciadamente no nos dio tiempo a ver todo lo que queríamos visitar por lo que tendremos que volver algún día. No os voy a contar nada del Anfiteatro ni del Teatro romano tan espectaculares ellos. Sin embargo, no os perdáis lo que hicieron para construir las consejerías respetando las ruinas que había debajo, o el puente romano sobre el Guadiana y a su lado un castillo árabe con ruinas romanas en su interior, y con un aljibe con escaleras de bajada y de subida distintas, entre otras muchas cosas. Como anécdota el tener una calle dedicada a Oviedo entre calles dedicadas al pasado glorioso de esta ciudad -legiones, césares y generales romanos por ejemplo- y el que para comer escogiéramos por azar una pizzería que en su interior tenía, sin nosotros saberlo de antemano, más ruinas romanas, las cuales se apreciaban a través de unos gruesos cristales que había en el suelo de la misma.

Volvimos al hotel tarde, cansados, pero satisfechos por haber visitado una ciudad admirable con un maravilloso y envidiable pasado.

4ª Jornada: Aunque sin muchas prisas esta jornada teníamos que mudarnos a otro castillo, y el recorrido turístico estaba planeado para ello. Las maletas ya estaban hechas, por lo que después del desayuno solamente fue pagar el hospedaje y continuar el camino. Para el que le guste conducir esta es quizás la ruta más divertida de todas las que hemos hecho -quizás la siguiente también sea parecida-, salimos de Jarandilla en dirección a Cuacos de Yuste, pasamos otra vez por delante del monasterio real y enfilamos en dirección a la Garganta de la Olla, un precioso pueblo que merece la pena visitar pero que en esta ocasión pasamos de largo. La carretera es típica de montaña, estrecha y con muchas curvas, así que con mucha precaución para que el viaje fuera tranquilo continuamos la ascensión por el puerto que nos llevaba a Piornal -son cerca de 1270m de altitud-, aunque por el camino hicimos una pequeña parad para ver una pequeña cascada, y no éramos los únicos. Terminada la ascensión, la bajada se hace más fácil, sobre todo con la emoción de poder ver a los famosos cerezos del Jerte.

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Primero atravesamos Piornal, pero no fue hasta pasados unos kilómetros cuando empezamos a ver los primeros, al principio eran solo unos pocos, pero luego había cada vez más y más. Es una pena no haber pasado en el máximo de floración pero aún así el espectáculo merecía la pena y no nos desilusionó para nada. Hicimos unas cuantas paradas durante la bajada para contemplar "la falsa nevada" de los cerezos en flor. Sacamos muchas fotos y lo pasamos muy bien.

Una vez pasada la emoción cerezal continuamos viaje en dirección a Plasencia que, aunque merece una visita, la dejamos a nuestra derecha pues aún había que hacer ruta. Me costó bastante adivinar la carretera que tenía que tomar. No llevaba ni mapa de carreteras ni el famoso navegador tan de moda hoy en día, y lo que es las indicaciones de las carreteras, a veces, mejor no fiarse. Afortunadamente mi intuición y orientación siguen estando en buena forma y nada atrofiadas y acabamos dando con la carretera correcta, la que lleva de Plasencia a Ciudad Rodrigo a través de la Sierra de Gata. Pero antes nuestra siguiente parada era la ciudad de Coria. En ella visitamos la catedral, las murallas romanas, el castillo de los duques de Alba y vimos el puente medieval que no tiene río...

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Se que nos quedaron bastantes mas cosas que ver pero teníamos que continuar el viaje.

Carlos estaba un poco mareado y yo no las tenía todas conmigo pues sabía que aún teníamos que subir otro puerto de montaña, el que separa Cáceres de Salamanca en plena sierra de Gata, conocido como puerto de Perales de unos 900m aproximadamente. Gracias a Dios no había muchas curvas y la carretera estaba bastante bien así que la llegada a Ciudad Rodrigo se produjo sin demasiado retraso, lo que nos permitió dejar las maletas en el Parador, salir a comer algo y visitar la ciudad.

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Ciudad Rodrigo es una bonita ciudad también con restos romanos -su puente por el que aún circulan coches- aunque sus murallas se comenzaron a construir en la reconquista. Creo que en ello algo tuvo que ver el Conde D. Rodrigo, de ahí el nombre de la ciudad. Hay una leyenda que cuenta fue aquí donde se refugió el último rey visigodo -también Rodrigo- tras la invasión árabe y aquí fue dado caza y muerto por el invasor -el moro Muza-, no se si será cierta pero es simpática que coincidan tantos rodrigos en un mismo lugar... a lo mejor también estuvo por aquí "el Cid".

Tras un paseo por las murallas y perdernos por la ciudad nos fuimos a ver la catedral y en su visita guiada nos enteramos de muchas cosas de forma bastante amena. Me llamó la atención la puerta en esviaje del claustro, la torre defensiva, las dos mitades del mismo claustro, el pórtico semejante al de Santiago... Luego, ya con algo de lluvia nos retiramos al Castillo.

5ª Jornada: Esta vez comenzó la visita después del desayuno en el propio hotel, la subida a la torre del homenaje para admirar el paisaje y la ciudad que está a nuestros pies. Yo, subí dos veces los incontables escalones de la torre, la primera vez -antes del desayuno- subí solo, había niebla sobre el valle y apenas se intuía algún edificio. la segunda ya resplandecía el sol y las vistas merecían la subida por segunda vez.

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A continuación cogimos el coche y pusimos rumbo a La Alberca. Un bonito pueblo medieval, posada real aún en la actualidad, inmerso en un paisaje que, como todos los que visitamos hasta ahora, merece la pena el desvío. Está en las estribaciones de la Peña de Francia, que fue nuestra siguiente visita. Allí se encuentra el santuario de la virgen de la Peña que merece la pena visitar, aunque haga mucho frío y viento, pues está a unos 1700m de altitud.

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Tras la comida, el regreso. El descenso no fue por el mismo lugar por el que subimos, sino que bordeamos el lado sur de la sierra de Francia en dirección a Monsagro y luego hacia Ciudad Rodrigo. Durante el descenso, casi en cada curva había una fuente de agua lo que hacía que dudásemos de la sequía que todos sabemos que está padeciendo España.

Aunque llegamos relativamente pronto al hotel preferimos descansar un poquito y no volver a salir de excursión.

6ª Jornada: Aún durante el regreso tuvimos tiempo de visitar la incomparable Salamanca.

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Hacía mucho frío, apenas 5ºC, pero aún así visitamos parte del casco antiguo y entramos en la catedral. Hay que tocar el conejo de la suerte y buscar el astronauta. La casa de las conchas, la mejor plaza porticada de España... Nos faltó por visitar Fonseca, la universidad Pontificia y tantas otras cosas que seguro que volveremos algún día pero estábamos tan agotados que, después de comer un tente en pie, volvimos al coche y regresamos a nuestro oviedín del alma.

Yogui nos recibió con alegría y ya todos en casa pasamos el resto de la semana santa empapados por la lluvia y la ola de frío que llegó el día de nuestra llegada, pero descansando y cogiendo nuevas fuerzas para continuar hasta la próxima aventura...

Pd: Las numerosas fotos que saqué están en Flckr, aunque también las podéis ver en Picasa

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